La industria química es uno de los sectores líderes de la economía rusa, produciendo no solo una gran cantidad de productos para el mercado doméstico, sino también ocupando un lugar destacado en las exportaciones del país. Particularmente, la contribución de la industria al PIB de Rusia oscila entre el 5 y el 6%, y alcanza cifras similares en el porcentaje de las exportaciones rusas.

La industria química da trabajo a más de 800.000 especialistas, y aproximadamente la misma cantidad de personas está empleada en sectores relacionados. La industria química contribuye en gran manera a la eficiencia de la agricultura, del sector automovilístico, de la farmacia y de otras ramas económicas.

Hoy día, la industria química comprende la producción de ácidos, álcalis, fertilizantes, de una gran variedad de polímeros, colorantes, productos de limpieza, barnices y pinturas, así como productos de caucho, fotoquímicos y químico farmacéuticos. 

Antecedentes históricos

El sector químico del país surgió en el mismo período que la industria rusa propiamente dicha, hacia el siglo XVIII. Tras las reformas económicas, llevadas a cabo por Pedro I, y debido a numerosas guerras en las cuales el Imperio ruso participó durante todo un siglo, había una gran necesidad de productos químicos, sobre todo, de sustancias de composición relativamente sencilla: pólvora, ciertos colorantes y otros productos.

Durante los siglos XVIII y XIX la industria química en Rusia se mantuvo a un nivel relativamente bajo respecto al volumen de producción y al nivel de desarrollo. Sólo tras las reformas de la segunda mitad del siglo XIX y después de un rápido crecimiento económico, a comienzos del siglo XX comienza el desarrollo activo de la industria química doméstica. Al llegar la Primera Guerra Mundial, el Imperio Ruso ya ocupaba el 8º lugar en la producción mundial de productos químicos, aunque una parte substancial del los volúmenes producidos fue representada por artesanales y semi-artesanales, y prácticamente todas las fábricas eran extranjeros o de propiedad conjunta. Sin embargo, el nivel de preparación profesional de los químicos rusos era muy apreciado en el mundo. Basta recordar el profesor del Instituto de Tecnología de San Petersburgo, D. I. Mendeléiev, que fue el creador de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos.

Sin embargo, el desarrollo de la industria era tan elevado, que su crecimiento no sólo no se detuvo desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, sino que continuó activamente, tanto en el ámbito militar, como en el civil. Obviamente hubo un incremento en la producción de pólvora y explosivos, productos de caucho, armas químicas y otros productos de uso militar, aunque, por ejemplo, en 1915 en Oréjovo-Zúyevo se construyó la primera fábrica de plásticos y resinas sintéticas “Karbolit”, y en 1916 comenzó la construcción de la primera planta para la producción de ácido nítrico a base de amoníaco. Se construyeron también otras fábricas y plantas.

Con la instauración del régimen soviético y el final de la Guerra Civil Rusa, la industria química recibió un nuevo impulso para su desarrollo. La Rusia Soviética fue apartada (tanto por restricciones políticas como por la pobreza de su población) de las importaciones de productos químicos, lo que junto con la necesidad de modernizar su economía resultó en la construcción a gran escala de nuevas plantas químicas por todo el país, tal y como quedó reflejado en el plan de la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia (GOELRO). En especial, un gran número de plantas, como la Fábrica Química de Okhta en 1931 o la planta “Karbolit” en Kémerovo en 1932, fueron reconstruidas para la producción de plásticos y resinas sintéticas. En 1931 comenzó su andadura el complejo minero-químico “Apatit”, llegando a convertirse en uno de los principales productores de fosfato del mundo. La reconstrucción del Complejo de producción de potasas de Solikamsk cubrió las necesidades del país de fertilizantes potásicos. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial la industria química de la URSS se encontraba ya en el 5º puesto mundial.

Durante la posguerra la industria química se convirtió en uno de los pilares centrales de la economía rusa. Los nuevos complejos de producción construidos en el centro del país, en la región del Volga, los Urales y Siberia aumentaron considerablemente la producción de casi toda la gama de productos. En 1960, por ejemplo, se pusieron en marcha las plantas de producción de fibras químicas de Kursk, Engels y Riazán. Además fueron construidas varias fábricas de pinturas y se crearon nuevas zonas industriales para la producción de neumáticos para automóviles, agentes químicos, fertilizantes y otros artículos. La industria química soviética se convirtió en una de las más grandes del mundo, alcanzando el primer lugar, según varios indicadores, en la producción de fertilizantes minerales. 

 
 

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