Las industrias hotelera y del hospedaje no pueden considerarse sectores emblemáticos de la economía rusa. De hecho, las estadísticas de sus ingresos no son muy impresionantes en comparación con otras industrias. Sin embargo, esto se puede considerar una ventaja, ya que no hay otro sector con tanto potencial para desarrollar. En total, unas 1,5 millones de personas están empleadas en la industria del hospedaje, que representa aproximadamente el 3% del PIB del país. Al parecer, hay un amplio margen para aumentar ambas cifras.

Rusia se extiende por una variedad de zonas climáticas, desde los desiertos helados del Ártico, a las playas subtropicales. Con una superficie de 17,1 millones de kilómetros cuadrados, Rusia tiene una increíble cantidad de sitios naturales, históricos y culturales que pueden convertirse en interesantes destinos turísticos y generar beneficios significativos, si se gestiona el enfoque correcto. Además, con una población de 143 millones de personas, Rusia tiene un enorme potencial para el turismo interno.

Antecedentes históricos

El turismo organizado data desde finales del siglo XIX, cuando el servicio de transporte se hizo disponible ampliamente y fue relativamente barato. Sin embargo, la necesidad de alojamiento temporal existía siempre. Por supuesto había hoteles en Rusia. Las primeras posadas aparecieron en los siglos XII-XIII y eran exactamente iguales a sus homólogas europeas, donde a los viajeros se les ofrecía comida y cama, y a sus caballos se les proporcionaba refugio. Los alojamientos de este tipo se mantuvieron hasta la segunda mitad del siglo XV.

Debido a que el país se había expandido mucho en aquella época, se creó una red de correos postales con pensión, que tenía como objetivo garantizar la comunicación postal con regiones lejanas del país. Una persona podía pasar la noche e incluso cambiar su caballo, siempre que estuviera en una misión especial y tuviera un bono de viaje.

Otro tipo muy peculiar de hoteles fue "gostiny dvor", que combinaba los servicios de una casa de huéspedes y de un almacén, donde los comerciantes viajantes podían dejar sus bienes y venderlos al por mayor. El almacenamiento de las mercancías fuera de sus instalaciones estaba prohibido. Las posadas de este tipo aparecieron en el siglo XII y conservaron su forma original hasta el siglo XVII, cuando a los comerciantes se les permitió almacenar sus bienes donde quisieran. A pesar de que ya no eran tan populares como antes, estas instalaciones se mantuvieron hasta los últimos días del Imperio ruso.

Los primeros hoteles verdaderos en Rusia se abrieron en el siglo XVIII. Al inicio eran pocos, casi todos destinados para el bienestar de los nobles, mientras que los comerciantes todavía preferían casas de huéspedes y posadas. El desarrollo del transporte ferroviario proporcionó un impulso a la industria hotelera. Las estaciones postales cayeron en decadencia, porque ya no había necesidad de cubrir enormes distancias a caballo, especialmente en Rusia Central. Los hoteles florecieron, desde las instalaciones caras y de lujo hasta los albergues.

A principios del siglo XIX había pocos hoteles en San Petersburgo, pero años después hubo más de trescientos. Muchos hoteles se construyeron entre los siglos XIX y XX, incluso algunos ejemplos notables de la arquitectura y el confort, como el Hotel Nacional y el Metropol en Moscú, y el Astoria en San Petersburgo. En 1910 en Rusia había más de cinco mil hoteles.

La actividad hotelera fue prácticamente destruida durante los primeros años posteriores a la Revolución de 1917. Las instalaciones de los hoteles fueron expropiadas y entregadas a diversas instituciones del Estado. Además, un importante prerrequisito para el desarrollo hotelero se perdió, ya que la gente se desanimó a viajar entre las diferentes regiones del país. Sin embargo, a mediados de la década de 1920, en el período de la Nueva Política Económica (NEP), los hoteles reaparecieron en casi todas las ciudades, aunque su calidad era muy inferior a la de los hoteles que operaban antes de la Revolución.

En 1934 se desarrolló un estatuto estándar para el fondo fiduciario hotelero y durante próximas cinco décadas los hoteles soviéticos se convirtieron en máquinas sin alma de alojamiento, que ofrecían un paquete básico de servicios de baja calidad para el ciudadano medio. Sólo había algunos hoteles que eran de un nivel considerablemente más alto en calidad para extranjeros o funcionarios de alto rango del partido.

Se construyeron hoteles hasta los últimos años de la época soviética, pero siempre había escasez de habitaciones, ya que los viajes al extranjero fueron casi imposibles para los ciudadanos soviéticos y los hoteles eran ocupados por turistas nacionales. Por otra parte, la capacidad hotelera era comparativamente baja. En 1910 en Rusia había 5.000 hoteles, y en 1980 sólo había 7.000, con una capacidad total de sólo 700 mil personas.

Para responder a la escasez de habitaciones se hicieron esfuerzos construyendo hoteles gigantes, como el Cosmos (capaz de albergar 3.600 personas), el Rossiya (5.300), el Izmailovo (10.000) y otros. Sin embargo, la situación no se cambió hasta la caída del poderío soviético.

 
 

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