La Federación de Rusia ocupa una superficie de más de 17 millones de kilómetros cuadrados y aproximadamente el 45% de su territorio está totalmente cubierto de bosques. Las zonas forestales en Rusia superan al territorio de Europa, si tomar en cuenta las fronteras de la antigua Unión Soviética. No todos los bosques tienen un valor económico importante, pero no es de extrañar que la silvicultura desempeñe un papel significativo en la economía del país, sobre todo en algunas regiones: la producción de pulpa y papel constituye entre 10 y el 50% del total de la producción industrial en 45 sujetos de la Federación de Rusia.

La industria forestal, incluida la protección y la reproducción de los bosques, emplea a más de un millón de personas y, además, proporciona puestos de trabajo para los sectores de la ingeniería mecánica, la industria química y el sector del transporte. Actualmente la contribución de la industria forestal al producto interior bruto no es particularmente alta y representa sólo el 1.3%, mientras que su aporte a la producción industrial asciende al 3.7%. La población ocupada en este sector es del 1.5% y los ingresos de exportación ascienden al 2.4%. En consecuencia, el potencial de recursos forestales rusos es muy grande, y el sector forestal, inevitablemente, será de gran interés para los inversores. Hoy día, en casi 60.000 empresas grandes, medianas y pequeñas, ubicadas por todo el país, se realiza la tala y el procesamiento de la madera.

Antecedentes históricos 

La silvicultura siempre ha tenido un significado especial en la economía rusa. Por un lado, la madera siempre ha sido un material accesible, debido a la abundancia y las extensiones aparentemente interminables de tierras con recursos forestales explotables, y muy popular, por otro lado. La madera era en realidad el único material de construcción hasta el siglo XIX. Los edificios de piedra eran sumamente escasos, no más de diez en todo Moscú en el siglo XVII. Se trataba por lo general de edificios públicos, principalmente, de iglesias o casas de los más ricos. Todas las demás construcciones eran de madera, por ejemplo, viviendas, la mayoría de las iglesias y los edificios del gobierno, incluso los puentes. La madera también se utilizaba para calefacción. Por lo tanto, la extracción de la madera era un factor económico importante y esta actividad se mantuvo hasta el siglo XX, incluso en las regiones centrales del país.

La explotación industrial de los bosques no se produjo hasta el siglo XVIII, ni tampoco existía una adecuada legislación en este campo. La gestión de los recursos forestales era muy limitada, ya que los terrenos forestales eran, en muchos casos, de propiedad privada. Además, se construían líneas de defensa o enormes complejos de fortificaciones con abatis y barricadas de árboles talados, por lo cual la tala de árboles en aquellas zonas era ilegal para la población. Sólo la llegada de un nuevo tipo de economía en el siglo XVIII llevó a la explotación de los bosques.

En primer lugar, se creó la legislación sobre gestión forestal y apareció la primera clasificación de los bosques, como el resultado de las incesantes guerras y la necesidad de construir flotas. En 1703, bajo el reinado de Pedro el Grande, se emitió la siguiente orden: “Todas las ciudades y distritos deberán describir los bosques que se extienden a 50 verstás (una verstá = 1.6 km) desde los bancos de todos los grandes ríos navegables y a 20 verstas desde los bancos de los afluentes de los grandes ríos. Nadie, sin excepción, podrá talar robles, arces, olmos, olmos siberianos, alerces y pinos que midan 12 vershoks o más. La multa de diez rublos se pagará por cada árbol talado, que no sea roble. Cualquier persona que sea sorprendida talando robles, incluso un solo árbol de roble, u otros árboles protegidos, será condenada a muerte.” Se establecieron entonces los primeros humedales protegidos, adyacentes a los bosques.

Las primeras fábricas de pulpa y papel aparecieron en la primera mitad del siglo XVIII. Con anterioridad a este hecho, la fabricación de papel era muy limitada y, de hecho, bastante primitiva. En el siglo XIX, los aserraderos adquirieron una gran importancia, sobre todo aquellos que se dedicaron a la fabricación de tableros para barcos de vapor. La industria forestal rusa siguió a este nivel hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando el boom económico abrió numerosos mercados forestales, se crearon empresas de transformación de la madera y surgieron las primeras plantas de celulosa (a partir de 1875).

Después de la Revolución rusa, debido a un grave colapso económico, la madera recuperó su importancia anterior como material básico para la construcción y la calefacción. La madera se utilizó incluso como combustible para trenes: el porcentaje de leña mezclada con combustible para hacer funcionar los motores de los trenes ascendió al 51.8% en 1918, al 88,1% en 1919 y al 69% en 1920. Sin embargo, la tala oficial de árboles se redujo drásticamente y en los años 1920 - 1921 representó sólo el 10% del nivel alcanzado en 1913. La elaboración de la madera empezó a desarrollarse más activamente a partir de la década de 1920. Las empresas existentes se modernizaron y se crearon otras nuevas (por ejemplo, el aserradero más grande del mundo en Solombala, así como la planta de celulosa y el aserradero de Segezha); se desarrollaron también las balsas de madera.

En el periodo de posguerra, la extracción de madera y su procesamiento no perdieron importancia. Sin embargo, pasaron de la esfera de la economía aplicada (debido al desarrollo de la metalurgia no ferrosa y a la producción de materiales polímeros) a ser la materia prima, utilizada para la producción de pulpa, papel y otros productos relacionados. En la década de 1960, se construyeron nuevas plantas de celulosa y papel, por ejemplo las fábricas de Baikalsk (1966), Kondopoga (reconstruida en 1959-60), Syktyvkar (1969) y otras. En las décadas de 1970 y 1980 las plantas de producción se modernizaron significativamente, y se abordaron muchas cuestiones relacionadas con el impacto negativo de la industria forestal al medio ambiente.

 
 

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