La producción de bienes de consumo, y de hecho el mercado de bienes de consumo como tal, es una de las industrias más rentables de la economía rusa. En Rusia, el nivel de consumo respecto a los ingresos es mucho mayor que en los países europeos o en los Estados Unidos; es decir, los ciudadanos prefieren gastar dinero antes que ahorrarlo para el futuro, debido al escepticismo que existe sobre las oportunidades del ahorro.

El mercado de bienes de consumo ruso es uno de los más grandes del mundo. En 2011, su volumen excedía los 350 mil millones de euros, convirtiéndolo en el séptimo mayor mercado del mundo y el tercero de Europa en términos de volumen. Una gran parte del sector corresponde a la producción rusa, sobre todo, a la producción textil, de alimentos, muebles y otros artículos. 

Antecedentes históricos

El desarrollo de la producción de bienes de consumo en Rusia comenzó en el siglo XVIII. En las épocas anteriores, toda la producción estaba representada por la artesanía, que se caracterizaba por delimitaciones territoriales, es decir, estaba centrada en áreas o ciudades específicas. Tras las reformas de Pedro el Grande, surgieron las primeras manufacturas, que fabricaban también bienes de consumo. Pero simultáneamente, como resultado del estilo de vida europeizado, muchos productos comenzaron a ser importados al país, ya que sus homólogos rusos no existían todavía o eran de mala calidad.

Sin embargo, fuera del sector de los bienes de lujo, la producción de bienes de consumo se desarrollaba a buen ritmo, aunque en ocasiones dotada de un carácter muy peculiar. En particular, la industria textil con la producción de lana, tejidos y otros artículos, se desarrollaba principalmente gracias a las órdenes del Estado, y el comercio al por menor permaneció en segundo lugar.

La situación cambió en la segunda mitad del siglo XIX, cuando comenzó el rápido crecimiento de la economía rusa y una de las industrias líderes por aquel entonces era el sector de los bienes de consumo. Particularmente, la industria ligera rusa se convirtió en una de las mejores del mundo y en muchos mercados, especialmente asiáticos, competía con la producción de algunas de las mayores economías mundiales. En 1887, la cuota de la industria ligera alcanzó el 32,4 por ciento del volumen total de la producción industrial (en 1900 se redujo al 26,1%), con la mayoría de las fábricas concentradas en la parte central del Imperio ruso – en las gubérniyas de Moscú, Tver, Nóvgorod y San Petersburgo.

En aquella época también se desarrolló activamente la industria alimentaria, surgiendo empresas de producción a gran escala de embutido, confitería, bebidas y muchas otras. Simultáneamente, un porcentaje notable de las industrias alimentaria y ligera permaneció siendo artesanal, y en la mayoría de las fábricas el nivel de mecanización era insuficiente y prevalecía el trabajo manual. Esta situación empeoraba los indicadores de competitividad de los productos rusos, pero era inevitable, ya que el mercado tenía un excedente de mano de obra barata, representada por los antiguos siervos, que se trasladaban a la ciudad para trabajar.

En general, para el comienzo de la Primera Guerra Mundial la producción de bienes de consumo en Rusia estaba en su apogeo. Sin embargo, la guerra y luego la revolución llevaron este sector al declive, debido a la ruptura de las cadenas de producción, la destrucción física de un gran número de empresas, la interrupción del transporte y la difícil situación económica del país, lo que resultó en una reducción dramática de volúmenes de compras por parte de la población, con excepción de los artículos de primera necesidad. En 1921, el volumen de producción de la industria ligera no excedía el 10-15% del nivel de la preguerra.

Sin embargo, con la introducción de la política NEP (Nueva Política Económica) comenzó la rápida recuperación de la demanda de la producción de los bienes de consumo, ya que su producción, por regla general, no requería ninguna inversión a largo plazo y se amortizaba lo suficientemente rápido. Además, siempre hay demanda de bienes de consumo en todas las situaciones, salvo en las más críticas. Como resultado, para mediados de los años 1920, la industria ligera llegó a los niveles de la preguerra, incluso mediante la construcción de nuevas fábricas, como la regla, por iniciativa del Estado.

En los años 1930, con el comienzo de la industrialización del país, el mercado de bienes de consumo entró en un estado de estancamiento, ya que el crecimiento de la producción no conseguía alcanzar el ritmo de aumento de la demanda, sobre todo, debido al hecho de que prácticamente todos los recursos estaban dirigidos al desarrollo de la industria pesada y el transporte, mientras que el mercado de bienes de consumo no suponía una prioridad.

Esta situación se mantuvo posteriormente. En particular, entre 1950 y 1980 se construyeron un número importante de empresas, especialmente en el sector del procesamiento de alimentos y en la industria ligera. Sin embargo, había un serio déficit en el número de líneas de producción existentes. De hecho, el déficit no era tan sólo limitado a los productos poco demandados, debido a su baja calidad y malas características del consumo.

Por ejemplo, en la industria ligera se construyeron las siguientes fábricas:

  • de algodón en Kamyshin, Engels, Jersón, Barnaúl (2ª fábrica), Dusambé (2º sección de la fábrica), Cheboksary, Yártsevo, Omsk, Gori, Kalinin;
  • de lana en Minsk, Briansk, Krasnodar, Ivánovo, Sverdlovsk, Kansk, Chernígov;
  • de seda en Krasnoyarsk, Naro-Fominsk, Leninabad;
  • de lino en Zhytómyr, Rovno, Velíkiye Luki, Panevėžys;
  • de tejido de punto en Cheboksary, Ufá;
  • de artículos de piel en Uliánovsk, Ulán-Udé, Velíkiye Luki, Zhambyl, Lugansk, Tallin, Novosibirsk, Oriol, Vorónezh, Kamyshlov y Bakú.

Sin embargo, colas de varias horas para comprar algunos tipos de productos de la industria ligera eran un fenómeno multitudinario y cotidiano. A pesar de las medidas tomadas, la mala situación con respecto a los bienes de consumo se mantuvo hasta el final de la URSS. 

 
 

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