La agricultura ha sido desde siempre una de las industrias económicas más fundamentales de Rusia, dando trabajo a millones de personas. Durante mucho tiempo, la agricultura fue la base del PIB ruso y hoy día, los productores agrícolas realizan una contribución significante a la economía rusa.

La producción agrícola da trabajo a cerca del 10 % de la población, con un gran número de personas empleadas en sectores relacionados: químico, de transportes, de transformación y otros.

La producción agrícola representa alrededor del 5 por ciento del PIB de Rusia, y su volumen en términos absolutos en 2012 excedió de los 3,34 trillones de rublos, (cerca de 100 mil millones de dólares), de los cuales 1,6 trillones de rublos provenían de la producción industrial agrícola, 1,44 trillones de la población agrícola, mientras que las granjas agrícolas registradas aportaron 300 mil millones de rublos. Desde enero a octubre de 2013, el volumen de productos agrícolas alcanzó los 3,13 trillones de rublos. 

Antecedentes históricos

La agricultura ha tenido siempre una gran importancia en Rusia, ya que hasta principios del siglo XX la nación permaneció predominantemente agrícola. La agricultura como tal era la principal ocupación en la Rus de Kiev, cuando el desarrollo de las relaciones entre ciudades era posible gracias a la venta activa de excedentes de productos agrícolas. En la época del feudalismo muchas relaciones comerciales quedaron abortadas, pero tales principados como los de Nóvgorod y de Smolensk, participaron activamente en el comercio de productos agrícolas, incluyendo con negociantes extranjeros.

La reactivación de la producción de productos agrícolas está relacionada con la institución del estado ruso centralizado en XV. El siglo XVI se vio marcado por la transición a un nuevo sistema de producción agrícola, el cual predominó durante más de trescientos años. Sus características principales eran grandes fincas, en las que trabajaban siervos de la gleba pertenecientes a los terratenientes (azofra), y la producción agrícola independiente de los siervos, acumulada por los terratenientes (obrok). Los siervos eran propiedad del terrateniente (desde 1592, cuando los cambios no autorizados de propietarios fueron prohibidos a los campesinos siervos). El uso del trabajo de los siervos aseguraba el alto grado de estabilidad y predictibilidad de la producción agrícola, pero al mismo tiempo frenaba los incentivos para su desarrollo.

A finales del siglo XVII el Estado de Moscú anexionó la parte occidental de Ucrania, con sus tierras cultivables y condiciones climatológicas favorables para la agricultura. Los campesinos de las tierras anexionadas permanecieron libres durante mucho tiempo, aunque de hecho pertenecían a los terratenientes. Su conversión a los siervos tuvo lugar en el siglo XVIII. Simultáneamente se completó el sistema de herencia de tierras, y la mayoría de los grandes propietarios poseían enormes extensiones de tierra, así como decenas y a veces centenas de miles de campesinos siervos.

A mediados del siglo XIX, cuando surgieron necesidades de reformas estructurales de la economía, una de las cuestiones más importantes fue la transformación de la agricultura, ya que la eficiencia de la producción agrícola había sido muy baja, debido particularmente a la ineficiente labor de los siervos. En 1861 se llevó a cabo la abolición de la servidumbre, pero la estructura de la producción agrícola no cambió significativamente, y los terratenientes siguieron dominando. No fue hasta comienzos del siglo XX que las grandes familias campesinas empezaron a jugar un papel destacado en la producción agrícola.

Al llegar la Primera Guerra Mundial la producción agrícola estaba dominada por los cereales, que representaban el 88,5% en términos de volumen (más de 4 mil millones de rublos, cerca del 25% del PIB total del Imperio ruso), la superficie sembrada aumentó en un 15% desde principios de siglo, y la productividad per cápita incrementó en un 20%. En 1913, la producción total de cereales fue de aproximadamente 92,5 millones de toneladas, de las cuales 10,5 millones de toneladas se destinaron a la exportación y constituyeron el 28% del total de la exportación mundial. Sin embargo, la ganadería no estaba lo suficientemente desarrollada, y en general la producción agrícola se desarrollaba de manera extensiva y dependía enormemente de las condiciones climáticas, lo que solía llevar a la pérdida de cosechas enteras.

Después de la revolución, la agricultura cayó en picado, ya que las poblaciones carecían de campesinos, seguía habiendo dificultades con los animales de carga, y lo más importante, la política de la Unión Soviética durante los primeros años impedía el libre comercio de productos agrícolas. Durante la década de 1920 hubo una recuperación gradual de la producción agrícola. Sin embargo no se produjeron cambios importantes hasta la década de 1930, con la intensificación y la colectivización de la agricultura, cuando fincas individuales fueron unidas por la fuerza para cumplir con el plan de producción. Sin embargo, no fue hasta finales de los años 30, cuando se consiguió superar el nivel de la producción agrícola del Imperio ruso según varios indicadores (sin embargo, a principios de 1941, el número de ganado y caballos en la URSS fue inferior al del Imperio ruso, donde el ganado ni siquiera era una prioridad para la agricultura).

La Gran Guerra de la Patria causó grandes daños a la agricultura, de los que tardaría más de una década en recuperarse. Sólo a finales de los 50 y a principios de los 60, el nivel de producción agrícola excedió de los volúmenes del Imperio ruso en todos los parámetros. Sin embargo, hasta mediados de los 80, es decir después de 70 años de desarrollo de la agricultura, los principales indicadores sólo superaron dos veces a los de la Rusia revolucionaria: el grano alcanzó los 210 millones de toneladas en 1986, en comparación con los 92,3 millones de toneladas de 1913; y el ganado ascendió a 120,9 millones de cabezas en 1986, con 58,4 millones de cabezas en 1913.

 
 

Report inaccuracy