La sanidad es una de las instituciones funcionales del Estado ruso que no está lo suficientemente reconocida desde el punto de vista financiero. En la actualidad, la fabricación de productos farmacéuticos, farmacias y algunas especialidades médicas (odontología, obstetricia, ginecología, cirugía plástica y algunas otras) pertenecen en gran parte al sector privado, pero el Estado sigue siendo el principal protagonista en este ámbito.

La proporción de clínicas privadas es de aproximadamente el 5% del total, y los servicios médicos de urgencia de carácter privado, así como los laboratorios médicos que trabajan en el mercado a gran escala sólo están presentes en las principales ciudades y grandes poblaciones. En general, los sectores médico y farmacéutico emplean aproximadamente el 15% de la población activa (más de 4,5 millones de personas, según datos de 2011).

Antecedentes históricos

La historia de la medicina rusa no se inicia hasta el siglo XVII, ya que en Moscovia no se había desarrollado la práctica sistemática de la medicina. En las grandes ciudades se podían encontrar curanderos (principalmente extranjeros), así como farmacias, pertenecientes a extranjeros, pero no se prestaba ninguna capacitación integral a los médicos. La actividad médica se realizaba exclusivamente por personas más o menos versadas en la materia (es decir, médicos autodidactas) y por propietarios de las tiendas de pociones (precursoras de las farmacias), donde se vendían hierbas medicinales y mezclas de las mismas. A finales del siglo XVI, en todo Nóvgorod (que no era una ciudad pequeña) sólo había seis curanderos y un médico extranjero, mientras que, por ejemplo, en Pskov sólo se podían encontrar unos pocos herbolarios.

Sólo a mediados del siglo XVII, debido a la demanda, que las numerosas guerras ocasionaron, de practicar una verdadera medicina, se creó la Prikaz farmacéutica (autoridad reguladora centralizada en el sector de medicina), seguida en 1654 por la Escuela de Doctores que dependía de la misma y tenía un programa bastante avanzado para la época, con un curso práctico. Durante aquel mismo período y por primera vez el gobierno ruso tomó la decisión de mandar a los jóvenes rusos al extranjero para estudiar medicina.

A principios del siglo XVIII, durante los primeros años del reinado de Pedro el Grande, se introdujeron importantes reformas en medicina. En primer lugar, en 1701 fue aprobado un decreto del zar, por el que se prohibían definitivamente las primitivas tiendas de pociones dando paso a las farmacias modernas. En 1706 se estableció una escuela en el Hospital Central de Moscú, destinada a la capacitación de médicos y farmacéuticos para atender las necesidades del ejército ruso. En 1719 fue creado el primer jardín boticario en San Petersburgo, y sólo unos pocos años más tarde entró en funcionamiento la primera empresa rusa, dedicada a la producción de medicamentos. De esa manera, la historia de la industria farmacéutica rusa marca su inicio en 1720.

Durante mucho tiempo sólo hubo farmacias estatales en Rusia, pero en 1726 se permitió la apertura de farmacias privadas, y a principios del siglo XIX la red farmacéutica se había extendido por casi todo el país. En 1789, fue elaborado un Reglamento farmacéutico especial que se convirtió en el principal documento regulador para el sector, porque establecía disposiciones avanzadas que regían el funcionamiento de las farmacias, así como la preparación, almacenaje y venta de medicamentos.

A principios del siglo XIX, la formación en medicina en Rusia, que se había iniciado menos de un siglo antes, había llegado a ser tan importante que se había desarrollado no sólo en el ámbito didáctico, sino también en el ámbito científico. A finales del siglo XVIII y a comienzos del XIX, se publicaron los primeros trabajos científicos de carácter nacional en los campos de la medicina y farmacéutica, y año tras año su número fue aumentando. Una gran cantidad de estas obras fue dedicada a estudios sobre las plantas medicinales y los modos de preparación de medicamentos a su base.

En el siglo XIX, la práctica de la medicina en las grandes ciudades rusas se situaba al mismo nivel que la de Europa, y en ciudades más pequeñas (e incluso en zonas rurales después de la reforma territorial de 1864) se fundaron instituciones de medicina territoriales (municipales), y su número aumentaba año tras año, permitiendo atender a una mayor población.

La reputación de los médicos rusos, especialmente los facultativos (y en particular los cirujanos) y los científicos, era muy valorada en aquella época. Por ejemplo, N. I. Pirogov fue el fundador de la cirugía militar, como una rama independiente de la medicina. I. M. Séchenov se convirtió en uno de los principales expertos mundiales en el campo de la fisiología. Π.I. Méchnikov, ganador del Premio Nobel, fue el fundador de la embriología evolutiva, patología comparada de la inflamación, gerontología científica, así como formuló la teoría fagocitósica de la inmunidad y la teoría de la fagocítela. Finalmente, I. P. Pávlov, también ganador del Premio Nobel, no sólo era una autoridad reconocida internacionalmente en el campo de la fisiología, sino también el autor de los estudios científicos sobre la actividad nerviosa superior.

La Revolución ralentizó el desarrollo de la ciencia médica en Rusia durante algún tiempo, que pronto recuperó su dinámica experimentada en etapas anteriores. Al mismo tiempo, la medicina estaba al alcance de la población y era un servicio asequible, ya que el nuevo estado la consideró como una de sus principales tareas. El número de hospitales y farmacias creció rápidamente, pero la mayoría de los medicamentos aún se preparaban en las farmacias. Sin embargo, se consiguió vencer una serie de enfermedades peligrosas en todo el territorio nacional, la vacunación a los recién nacidos fue introducida universalmente.

En la segunda mitad del siglo XX, la medicina soviética fue una de las mejores del mundo, si bien se situó por detrás de algunos países, incluyendo los EE.UU. en términos del porcentaje de recuperaciones. Sin embargo, era un sistema de alta calidad que estableció el acceso general a la asistencia médica y permitió alcanzar los estándares mundiales de esperanza de vida. La situación en el campo farmacéutico fue peor, ya que no era posible la importación masiva de medicamentos, lo que hizo necesaria la fabricación nacional de los mismos, pero con características menos eficientes, por regla general.

 
 

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